12 de marzo de 2010

Rosa


Suaves pétalos, tallo espinoso. Así era ella, una flor delicada pero capaz de causar dolor, como la del Principito.
Pero ella era real, tan real que no creía en nada. Ni siquiera en las rosas, ni en príncipes. Menos aún uno de otro planeta.
Era suave, hermosa, embriagadora. Pero también era cínica, dura, fría.
Ella era una rosa. No cualquier flor.

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