15 de octubre de 2010

Retrato de tu ausencia

Cuando te recuerdo
a veces, de a ratos
se asemeja a la nada tu rostro
tan definidos los rasgos
como un espejo de agua

Cuando te pienso
en silencio, callada
tu voz, tus palabras
se desvanecen en el aire
en murmullos, en el eco, en el viento

Cuando te evoco
en mi mente, en sueños
tus manos, tu piel
se me escapan, sin alcance
sin piedad, de entre los dedos

Cuando te extraño
siempre, ahora
no sé si te recuerdo
o si en el olvido
soy yo quien te inventa

11 de octubre de 2010

Siempre la misma estúpida

No estabas.
En ese momento, cuando tenías que estar.
No estabas.
¿Y sabés qué?
Ya no importa.
No te necesito.
Andate.
Total, ¿qué te importa?.
No te importó antes.
No lo suficiente.
No estabas.
¿Y yo?
Siempre la misma estúpida.
No.
Ya no.
Andate, por favor.
No, no quiero ni saber.
No me lo digas.
No estabas, listo.
Si me duele es porque me importás.
Vos no te das cuenta.
Nunca te das cuenta.
Creo.
No importa.
Porque no estabas.
En el momento preciso.
Cuando me hacías falta.
No estabas.
Ni tu sonrisa, ni tus ojos.
Tus ojos como pozos oscuros.
No estabas.
Ahí.
En ese instante.
No estabas.
No, no te molestes.
Ni me lo digas.
No me hables.
No te acerques.
No, no me toques.
No, no te vayas.
No te alejes.
Vení.
Acercate.
Abrazame.
Quedate conmigo.

5 de octubre de 2010

Soledad

Paso a paso, Soledad camina entre la multitud, abriéndose camino hacia ninguna parte. Nadie la llama, no por lo menos en voz alta. Pero ella siente esa tortuosa necesidad de acompañar a quienes no encuentran a nadie. Carga con el deber de sentarse a su lado y cantarles, llenar el vacío, abrazarlos con su música silenciosa y llevarlos hasta la mismísima locura, si es necesario.
¿Por qué?
Soledad no lo sabe, pero siempre fue así. Desearía poder ser como Esperanza y llenar de fuerzas a los demás,  o por lo menos ser acompañada por Consuelo, para que su misión no sea tan dura.
Pero la única que a veces la acompaña es Dolores, siempre igual de implacable. Soledad se pregunta si la gente alguna vez va a dejar de sufrir cada vez que se acerca a ellos, si podrían llegar a desearla con la misma devoción que a Paz.
En el fondo, sabe que no.
Sabe que está condenada a ser una paria, una persona non grata.
Sabe que el suyo es un trabajo solitario.