26 de julio de 2011

Páginas menos



Lily esperó a que la tinta se secara sobre la hoja, antes de seguir escribiendo. Contempló su obra, orgullosa, e imaginó el momento triunfal en el que deslizaría la palabra "fin" sobre el papel.
Poco después, siguió con su tarea. Las ideas llegaban a su mente, convertidas luego en palabras que plasmaría en el cuaderno. Llenó varios renglones más con su magia, y luego se detuvo. Mientras la tinta se secaba, Lily se puso a leer lo que llevaba escrito. Poco a poco, su rostro se fue transformando en una mueca de horror.
Sin pensarlo dos veces, la muchacha arrancó la hoja, la arrugó y la tiró a la basura.
Tendría que empezar de nuevo.

18 de julio de 2011

Ventanas



A veces me da miedo la ventana. Allí, con las cortinas corridas, permanece como un pasadizo sellado, como un camino hacia otro universo, oculto a los ojos de la gente. Puedo imaginar que detrás de las cortinas hay todo un mundo, un lugar increíble donde cosas impensables suceden. Imagino que mi casa viajó a otra dimensión donde el cielo es lila y las flores cantan, y no hay nada que pueda hacerme daño. Pero entonces mamá abre las cortinas y tan sólo puedo ver el cielo gris, la pared plomiza de un edificio, y las gotas de lluvia contra el cristal. Me da miedo pensar que ese es el mundo real, y no el otro. Me da miedo mirar por la ventana y resignarme a ese ese universo de calles grises y rotas, como quienes las transitan.

14 de julio de 2011

Podría



Podría contarte lo que pasó en el verano, aquel verano en el que no paró de llover un sólo día de los que estuve en la playa. Creí morir de desesperación, que el aburrimiento me consumiría sin remedio. Pero...
Podría contártelo, pero no voy a hacerlo. No tiene caso contarle esto a un gato, por más suave y tierno que que seas. De todas formas, no ibas a entenderlo, querido. Y no vas a quedarte con la intriga de saber qué pasó.
Así que no voy a contarte qué pasó aquel verano, en el que el sol decidió esconderse tras las nubes justo cuando yo salí de vacaciones.
Al fin y al cabo, no es algo tan interesante. No valdría la pena.

7 de julio de 2011

Oro y escarlata


La pequeña cabeza pelirroja se confundía con las hojas otoñales del parque. La niña las lanzaba al aire y las recibía con los brazos abiertos, como si se tratase de lluvia dorada. Su padre la observó sacudir las trenzas escarlata, y encendió un cigarrillo. Dejó escapar suavemente el humo antes de sentarse en un banco y sonreír hacia la niña, que correteaba entre los árboles vestidos de incendio. Supo que daría su vida por ella si hiciera falta. Llevó el cigarrillo a sus labios una vez más, intentando que la tarde quedara grabada en sus retinas para siempre.