15 de septiembre de 2011

Imágenes

Vestía de aullido y bailaba bajo la luna estival. Era algo imposible, danzando allí bajo un cielo de ébano agrietado. Una luz azul parpadeando descalza en una playa infinita. El mundo tembló y la tierra y los cielos se invirtieron. La arena cayó y el tiempo siguió corriendo. Ahora ella gira mientras llueve polvo de estrellas sobre sus alas de cristal. Sigue bailando al son del viento, la canción del océano. La música no se detiene, vibrando en las gargantas de las olas. Y de pronto, silencio. La arena termina de caer. El mundo vuelve a invertirse, la danza continúa entre velos y flores de azahar.

5 de septiembre de 2011

El hijo de Yocasta

Digamos que este es uno de esos cuentos raros que me salen de vez en cuando y que después me dan miedo porque los escribí en primera persona. Va con música porque la consigna era escribir un relato para esta canción. 


 

Ya lo verás, hijo, que esto fue por tu bien.
Sí, yo sé que así son los jóvenes, tan reticentes a aceptar los cuidados de una madre; pero vas a ver que ahora todo es mejor, mi amor. Mamá sabe lo que dice.
Pronto vas a perdonarme. A veces es difícil explicar por qué una hace lo que hace, pero no dudes jamás que lo hice por ti. Porque te amo, hijo.
Desde pequeño, siempre fuiste frágil. El día en que naciste, supe que todo el dolor había valido la pena. Era hermoso. Tu primer llanto fue música, pero me prometí que evitaría todos los que pudiera.
Siempre preferí tu risa, los latidos de tu corazoncito recién estrenado, y tus balbuceos, tan adorables.
De inmediato, sentí que debía protegerte. El mundo era, y sigue siendo, demasiado peligroso para una criatura tan delicada.
Si tu padre no nos hubiera abandonado, tal vez ahora estaría menos cansada. Pero siempre fue tan egoísta... él no supo ver cuánto nos necesitabas, mi vida.
Estúpido borracho, tenía que morir en ese accidente y dejarnos solos, ¿ves que jamás pensaba en nosotros? Eras tan pequeño cuando se fue, tan vulnerable. El idiota de tu padre no pensó en eso cuando decidió que el whisky sería su prioridad.
¿Qué podía hacer yo, más que cuidarte, apartarte de todo eso que duele? Estaba sola, hijo, sola con el deber de hacer que tu vida fuera feliz. Siempre supe que si tú no lo eras, yo tampoco lo sería. Eres parte de mí, cielo. No podía permitir que te hicieran daño.
Por eso, apenas aprendiste a caminar comenzó el tormento. Inquieto, curioso, decidiste que el mundo era tu cuarto de juegos y que debías explorarlo cada vez que tenías la oportunidad. Comprendí que la libertad era algo que no podías enfrentar solo, que necesitabas mi ayuda para poder sobrevivir.
Y todo esto cobró más sentido cuando tu primera palabra fue mamá.

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2 de septiembre de 2011

Síntesis

Imaginar
Suponer
Saber

Y mientras tanto
crear escenas
diálogos
situaciones

Para al final
esperar
nada más
pero nada menos
que una palabra

una palabra
que jamás llegó