5 de noviembre de 2011

La canción termina

Se sube al 427, paga el boleto al guarda casi automáticamente, y se sienta contra la ventana en uno de los asientos que miran para atrás, de cara al resto de los pasajeros. Apoya la cabeza lánguidamente sobre el cristal. Los viernes de lluvia son como una patada al ánimo. Música triste suena en sus auriculares, como una mala broma. 
Luego de la siguiente parada, un 104 frena al lado de su ómnibus en la luz roja del semáforo. No sólo se sorprende del extraño encuentro de dos de las líneas más improbables de la ciudad; ahí está él. En los asientos laterales, junto al del guarda. Con la cabeza apoyada en el vidrio húmedo, justo igual que ella. 
El contacto visual, maravillosa conjunción cósmica, destino, karma, o simplemente casualidad, dura hasta la luz verde. Entonces el 427 dobla por un bulevar y el 104 sigue por el otro. Lo ve alejarse con la sensación de estar en un videoclip. Se despide en silencio, aún con las pupilas de él prendidas de las suyas. 
La canción termina. Él nunca estuvo allí. 


Quiero decir que, a pesar de que los que me conozcan puedan reconocer cierto contexto, esto no me pasó. No así, por lo menos. En el transcurso de los hechos, yo escuchaba If I had a Gun mientras imaginaba esta historia. Vi como el 104 se iba mientras le daba forma al final. Aunque sí, los viernes de lluvia son una mierda y el 104 y el 427 no pasan nunca. 

6 comentarios:

  1. Guién no ha vivido ese cruce de caminos en un autobús?
    Me gusta Sof, me gusta Serendipia :)

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  2. Me parecía poco probable, pero me hizo dudar.

    Me gustaron sus palabras.

    Saludos.

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  3. No es de mis favoritos, perdón pero prefiero decírtelo.

    Linda ♥






    [sólo vos ves ESOS cruces jaja]

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  4. pero quedo buenisimo y es lo que importa.

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  5. grande, como me gusta leerte! un besazo :)

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  6. Yo soy muy de inventar ese tipo de historias en el ómnibus también. :)

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