23 de diciembre de 2011

El gorrión



Soy un gorrión de arcilla. Me encuentro sobre un pedestal en un museo, justo debajo de la ventana, la misma ventana que me deja ver como los otros gorriones vuelan libres
Por el cielo turquesa de verano. Yo no puedo volar. Mis alas de arcilla están pegadas a mi cuerpo, y mis patas dobladas sobre él; me sería imposible levantar vuelo.
También me da envidia oírlos cantar, mi pico está eternamente cerrado, ningún sonido saldrá de él.
A veces sueño con que mis alas se abrirán y saldré volando por la ventana, directo hacia mis sueños de libertad, sintiendo el viento mover mis plumas. Podré cantar con los mismos hermosos trinos que mis compañeros, participando en la canción de los árboles, el viento y los pájaros. Sobrevolaré la ciudad y llegaré al bosque, deleitándome con el verdor de las hojas. Atravesaré al mar y me perderé en el azul infinito de sus aguas, hasta llegar a lo más alto del cielo y descender de vuelta a la tierra.
Pero son sólo sueños. Sé que jamás veré una nube más allá de la ventana, ni sentiré la lluvia mojar mi cuerpo.
En ese momento un temblor sacudió mi pedestal, lo sentí inclinarse, sentí como chocaba contra el aire ¡volaba! No me importó saber que al final me estrellaría contra el suelo, tal vez me quebraría en mil pedazos.
Yo sólo quería vivir el presente; y el presente era volar.

1 de diciembre de 2011